En el sevillano barrio de San Bernardo, nació hacia 1886 Rafael Macías Borrás. Desde muy joven se entregó a la disciplina militar, ingresando con apenas catorce años en el Regimiento Montado de Artillería. Allí descubrió el instrumento que marcaría su destino: el clarín de caballería. Su talento era innato. Ningún toque quedaba indiferente bajo su aliento: notas largas, vibrantes, capaces de cortar el aire y estremecer a quien las escuchaba. En 1914 alcanzó el grado de sargento, y más tarde el de brigada en el Tercer Regimiento de Artillería Ligera de Sevilla.
Pero más allá de sus galones, era su clarín el que lo elevaba a figura casi legendaria. La cúspide de su gloria llegó en la Semana Santa de 1929, cuando Sevilla, envuelta en el esplendor de la Exposición Iberoamericana, fue escenario de un episodio memorable. En el cruce de La Campana, la Banda Montada del Brigada Rafael se enfrentó a los prestigiosos Húsares de la Princesa, venidos desde Madrid.
Aquel “duelo de clarines” se convirtió en leyenda: Sevilla entera contuvo el aliento al escuchar los toques que se alternaban, hasta que el clarín del Brigada, metálico y puro, se alzó por encima del bullicio y conquistó definitivamente a la multitud.
El propio rey Alfonso XIII, impresionado, promovió una suscripción popular para obsequiarle un clarín de plata que podemos ver en esta exposición gracias a la colaboración del Museo Militar de Sevilla. En 1931 Rafael pasó a la reserva activa. Fallecería en febrero de 1934, víctima de una dolencia pulmonar.
En 1978 la Tertulia el Cañonazo colocó un azulejo dedicado al Brigada Rafael en la calle Gallinato de San Bernardo. En 1987 la Compañía discográfica Pasarela reeditó su disco de pizarra.
